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“Trasladarse al lugar de los hechos, lo primero”, destaca Amelia Serraller Calvo al describir la esencia del reporterismo que practicó el periodista y escritor polaco Ryszard Kapuscinski, cuya obra analizó también para adentrarse en su calidad literaria.
La eslavista habla en su reciente libro Cenizas y fuego: crónicas de Ryszard Kapuscinski (Amargord ediciones),del rigor periodístico y la trascendencia de la obra del que fuera candidato polaco al Nobel de Literatura.
La experta española explica la importancia de los libros del reportero, que, subraya, fueron escritos en polaco para lectores polacos que entendían sobradamente que había “hiperboles y alegorías”.
Entre las primeras obras del premio Príncipe de Asturias 2003 como El Emperador —explica— hay analogías que cualquier polaco encuentra en el retrato de Haile Selassie de su “trasunto” el secretario general del partido comunista polaco Edward Gierek, máximo líder entre 1970 y 1980.
En la era de las noticias falsas, la desinformación, la distancia del lugar de los hechos por comodidad, falta de recursos o excesiva confianza en internet, la autora reivindica el compromiso con el periodismo de Kapuscinski, primero admirado sin límite y denostado luego, por algunos de sus devotos, por esas licencias literarias.
“Es un periodismo que exige trasladarse al lugar de los hechos lo primero”, dice, “aunque hoy en día prácticamente no hay dinero para ese desplazamiento y, si lo hay, es muy breve, o son freelance por su cuenta y riesgo” los que asumen ese empeño, ironiza, al tiempo que destaca que para Kapuscinski es imprescindible también “leer informes del conflicto a cubrir, hablar el idioma”.
“Residir un tiempo” como hacía el desaparecido reportero “es algo del pasado” y duda que hoy lo puedan hacer los colegas de su país de origen.
