
Luego de una espectacular primera entrega que con base en un efectivo uso de clichés y lugares comunes encontró cierta identidad, enarbolando la consigna “sólo ponle más de todo, menos guion” —propia de las secuelas de los blockbusters hollywoodenses—, Transformers inició un recorrido de cuatro superproducciones más en donde su autodestrucción como concepto fue inversamente proporcional a los resultados en taquilla, rayando incluso en el ridículo.
Así que luego de tantos excesos, era más que necesario buscar otro tipo de acercamiento, uno que de forma sólida consiguiera que el espectador volviera a interesarse en la franquicia por algo más que los efectos especiales.
Y eso es precisamente lo que ofrece Travis Knight con Bumblebee, quien dejando de lado cualquier tipo de pretensión creativa, misma que hace un par de años le llevó a entregar una joya de la animación llamada Kubo and the Two Strings, evita riesgos y se apunta en la línea de la autoreferencia encabezada por éxitos indiscutibles como Súper 8 y Stranger Things.
La chica perteneciente a una familia fracturada de los suburbios, marcada por la pérdida, que añora comprarse un auto y es acosada por algunas compañeras de la escuela, son algunos de los elementos que toma el cine de entretenimiento al estilo de Steven Spielberg, para acomodarlos sobre una anécdota similar a la de esa otra estupenda pieza animada llamada El gigante de hierro, y darle forma a esta precuela que nos narra la llegada del soldado autobot a la tierra.
Por supuesto, al estar contextualizada en los 80, la nostalgia es otro de los ingredientes principales, misma que se ve reforzada por una irresistible selección musical.
