
La célebre Torre de Pisa está cada vez menos torcida, así lo certifica el último informe del grupo de supervisión que concluyó que, gracias a los trabajos de consolidación que se hicieron hace 17 años, su inclinación se redujo cuatro centímetros.
El grupo de ingenieros formado para vigilar diariamente uno de los monumentos más icónicos del mudo, el campanario de la catedral de Santa María Asunta en la Plaza de los Milagros, acaba de concluir que se va enderezando con el tiempo.
Nunziante Squeglia, profesor de geotécnica de la Universidad de Pisa y colaborador del grupo de supervisión, explicó en entrevista que con la estabilización “se redujo la inclinación de unos dos mil arcosegundos, más o menos medio grado, o 40 centímetros”.
Y desde entonces, en estos 17 años, “se endereza una media de uno a dos milímetros al año”, pero lo que cuenta es “la estabilidad que ha conseguido el campanario, que es mucho mejor de lo previsto”.
Estas variaciones se calculan gracias a los instrumentos de vigilancia con los que cuenta la Torre y también colocados en el terreno, añadió Squeglia.
Los instrumentos mandan los datos a las computadoras para tener cada hora una actualización de las posibles oscilaciones y vibraciones, causadas también por posibles terremotos”, detalló el profesor que asegura que el monumento está entre “los más vigilados del mundo”.
Pero explica que la Torre de Pisa no perderá su mayor característica, la inclinación, que atrae a cerca de tres millones de turistas cada año. “A este ritmo no podrá ocurrir ni en dos siglos”, aseguró.
