
El historiador Pedro Salmerón presenta Breve historia del Villismo, libro al que describe como una “puerta de entrada” sobre el movimiento encabezado por José Doroteo Arango Arámbula, mejor conocido como Francisco Villa (1878-1923).
En entrevista, el escritor comenta que Breve historia del Villismo es una síntesis de un proyecto de investigación que emprendió hace 25 años, pero aunque es una síntesis, el libro incluye algunas actualizaciones.
“Nunca le he puesto Pancho Villa a ninguno de mis libros, porque me interesa encontrar las razones por las que la gente se sumó a un proceso revolucionario. Siempre me he opuesto a esa idea que nos han enseñado según la cual, la historia la hacen únicamente las ‘grandes personalidades’. Cuando estudio las revoluciones, encuentro que los revolucionarios de a pie toman decisiones conscientes y saben perfectamente contra qué están peleando, quería que nos olvidáramos de esa concepción elitista y falaz del pueblo como borrego, para que entendamos que el pueblo está formado por individuos que toman decisiones personal y conscientemente”.
Salmerón sostiene que dentro de los nuevos elementos que conforman esta síntesis actualizada, incluyó diferentes elementos, entre los que se encuentran la estructura que tuvo el movimiento, así como las características de los participantes.
“Cómo la estructura del Villismo corresponde a la estructura regional del norte del país y cómo esta gente que se levanta en cada región y que tiene demandas concretas, que se van articulando para dar forma a una concepción revolucionaria”.
Una vez que encontró los elementos mencionados, Pedro Salmerón hizo un análisis, en el que se dio cuenta que el Villismo se distinguía por tener un carácter democrático, no sólo por sus aspiraciones y demandas, sino también por la forma en que se estructuraba.
“Villa fue elegido como dirigente de este movimiento, así como los lugartenientes, coroneles, jefes de regimiento, a través de un proceso democrático en el cual vinculaban a los dirigentes necesaria y permanentemente con las demandas de la base social a la que representaban. Descubrí que el Villismo y el Zapatismo tenían un verdadero proyecto de nación para transformar al país, es falso que no hayan tenido ni visión nacional ni de Estado, lo demuestro documentadamente en términos militares”.
En el libro publicado por Crítica, de Grupo Planeta, es posible leer desde el inicio del Villismo hasta su debacle, todo a partir de cinco capítulos, además del epílogo “El Villismo después de Pancho”, pero ¿hay que darle su lugar a este movimiento?
“No hay que dárselo, lo tiene, en cualquier lugar del país hay una fotografía de Villa. El movimiento está presente porque representa muchos aspectos de lo mexicano, el desafío al imperio, la vocación del liderazgo surgido desde abajo, cosas que la gente quizá no sabe por qué pero que las tiene presentes”.
A parte de ser un movimiento con un lugar, Salmerón sostiene que es vigente, sobre todo porque representa el liderazgo popular y la construcción de opciones de izquierda en México.
“La vigencia se puede ver reflejada en el triunfo del 1 de julio de 2018, ahí estaba Villa y las articulaciones de Morena con múltiples resistencias que se articularon como se articularon en 1910”.
Pedro Salmerón señala que los postulados del Villismo bien podrían ser retomados, siempre y cuando sean adaptados, aún más si se toman elementos como el rescate del campo.
“Nosotros aprendemos de la historia, no queremos aplicar cosas que vienen de otro momento, pero la idea y sentido es el rescate del campo, que ayudaría en la construcción de una producción agrícola con respaldo del resto de la sociedad a través del Estado que nos permitiría ir recuperando algo que se perdió hace 50 años, que es la autosuficiencia alimentaria, así como elevar los niveles de vida de la población en todo el país”.
La puerta de entrada que representa Breve historia sobre el Villismo, dice Pedro Salmerón, contribuye al saber sobre la historia de México, algo necesario porque “no se nos está educando para ser conscientes ni del Villismo ni de nuestra historia. El neoliberalismo querría haber matado la historia, a pesar de lo mal que nos han enseñado historia, la gente la tiene viva de alguna manera. Estamos en una verdadera emergencia educativa, pero estamos a tiempo”.
