
Con Ese cuerpo no soy, la poeta Verónica G. Arredondo (Guanajuato, 1984) ganó en 2014 el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde. Es tal vez uno de los poemarios más arriesgados pues, con firmeza, ha retratado el estado de violencia en el que vive México. Recientemente, este libro fue traducido al francés por Élise Persony publicado por RAZ Éditions. Por esta razón, conversamos con ellas.
— Verónica, Ese cuerpo no soy es un poemario que trata sobre una herida abierta, en donde los huesos están quebrados, huesos de migrantes y mexicanos, ¿por qué escribiste esto desde la poesía?
— Pienso la poesía como un género en el que caben todos los géneros. Un poema puede contener un diálogo, un tono teatral, como crear un ambiente o contar una historia. De ahí que el registro periodístico es en buena medida el discurso testimonial del que se alimenta el libro y el tono que evoca. Registro antipoético —y mal escrito en muchos casos— en el cual encontrar la belleza, dentro de la nota roja, en medio de la masacre cotidiana, era el reto para desarrollar los textos.
— El tema de los cuerpos rotos, violentados, los cuerpos femeninos sobre todo, están presentes en el libro. ¿Qué piensas hoy sobre esto?
— Los cuerpos siguen cayendo. Las cifras aumentan. Quedé renuente a seguir las muertes en noticias, como si esa convivencia que tuve durante la escritura del libro me dejara sin el menor ánimo de volver a mirarlas de cerca, con lupa. En el mes de junio asistí sin premeditarlo al 1er Encuentro Nacional de Familiares de Víctimas y Huérfanos por Feminicidios en la CDMX. Recordé cuando intenté reunirme con las familias en Zacatecas, pero el grupo de apoyo a víctimas había desaparecido por amenazas o por miedo. No creí tener el temple para estar ahí, en ese Encuentro; escuché varios testimonios. Entonces pensé en el valor de “dar voz” a las que ya no están, y si eso podría o no significar a las familias que han tenido una pérdida, aunque ésa no fuera la intención consciente de la escritura, sino la necesidad de manifestar la rabia, la impotencia.
— Hay una forma que veo en tus poemas: una dicotomía entre belleza metafórica y desgarramiento temático, ¿cómo lograste esto?
— Pensé en el cuerpo de las desaparecidas como la materia que se erosiona con el tiempo o en la manera en la que las arrojan o desmiembran, ahí hay una pérdida de identidad, rasgos particulares, nombres. El lenguaje que evoca a estos cuerpos: seco, empobrecido de la nota informativa. El lenguaje, un cuerpo que también se corroe. Por eso era importante rescatar la belleza en lo que ya no está vivo, lo que pervive en esa barbarie.
— Élise, en la parte de la traducción, ¿cuál fue la complicación para traducir esta forma, esta estructura de los poemas de Verónica al francés?
— En efecto, hay una dicotomía entre la belleza metafórica y la aborrecible barbarie y crueldad del tema. Aquella belleza proviene, en mi opinión, de la juventud, de la inocencia, de la feminidad y hasta de la creación, aniquiladas y dirigidas en gran parte por la naturaleza asociada a las partes del cuerpo violentado de la mujer del poemario. Las imágenes relacionadas con la belleza de la naturaleza y de la mujer a veces sobrenaturales o surrealistas, yo las veía como luciérnagas en medio de la desolación y la aridez del paisaje y del tema. Como lectora-traductora me sentía constantemente en busca de estos destellos. Después, no había rimas propiamente dichas en el poemario de Verónica, pero había que buscar adecuaciones lexicales que tuvieran la misma carga emocional y una musicalidad fiel a su escritura. Es un proceso a veces delicado porque la lengua francesa tiene menos posibilidades sinonímicas que la española.
— ¿Qué tan complejo fue trasladar la realidad que vivimos en México a otro idioma?
— Primero, uno tiene que familiarizarse con la cruda violencia de lo que está leyendo y eso incluye la investigación del tema, evidentemente. Pero, en mi opinión, cada uno, con su idioma nativo, es un contexto en sí. He vivido en Colombia y tengo familia allá. La historia de Colombia tiene semejanzas con la de México si hablamos de violencia, narcotráfico y desapariciones. Esta conexión me facilitó el trabajo de comprensión. Y para hablar de Francia y de Europa, tenemos también nuestros monstruos. Vivimos desde hace varios años una actualidad muy preocupante con las olas migratorias y las políticas indignas de muchos gobiernos europeos que frenan la acogida de estas personas en situaciones de precariedad extrema. Lo que viven los migrantes en el Mediterráneo y sus desapariciones incesantes en este mar tan cercano son eventos trágicos e incomprensibles que pueden asemejarse al contexto del poemario de Verónica.
