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Lo que parecía un incendio menor, declarado ayer por la mañana en una zona forestal del condado de Ventura, al norte de Los Ángeles, opacado además por la matanza de jóvenes en un bar cercano, se convirtió durante la tarde en un feroz siniestro, pasando de afectar dos mil hectáreas a siete mil en tal sólo seis horas, obligando a la evacuación masiva de 20 mil personas.
El humo del incendio era visible desde San Francisco, pese a que el fuego se desató a 280 kilómetros de distancia.
Varios edificios han ardido y algunas personas han sufrido quemaduras graves, aunque por el momento no se tiene constancia de ninguna víctima mortal.
El alcalde de Paradise, Scott Lotter, que evacuó la localidad junto a su familia, declaró que “el pueblo entero está en llamas” y describió un escenario de “horror y caos” en que las carreteras se encuentran colapsadas por el tráfico y los coches abandonados.
Los incendios de gravedad en California son cada vez más frecuentes y violentos, tal y como demuestra que, de acuerdo al registro oficial que se remonta hasta 1932, cuatro de los cinco fuegos más destructivos de la historia del estado se han dado en los últimos seis años.
