
Pocos son los festivales de cine que poseen la virtud de presentar trabajos con la capacidad de retar al espectador, llevándolo a una salida inesperada de su zona de confort, creando una marcada incomodidad y ampliando su espectro de asombro.
En este punto es donde encontramos a la película Fiesta Nibiru (2017), del director uruguayo Manuel Facal – Relocos y Repasados (2013) –, una apuesta cinematográfica de alto riesgo debido a su particular estética y argumento desbocado, que tendrá el máximo desafío de intentar colocarse en el gusto del público, pese a las situaciones bizarras y secuencias casi paródicas de una historia que incluye un encuentro cercano del tercer tipo.
Esta trama de ciencia ficción se desarrolla un sábado por la noche en Montevideo, Uruguay, donde dos jóvenes llamados Galaxia (Verónica Dobrich) y Peetee (Luciano Demarco) se encuentran en un momento de ocio y completo desencanto por la vida nocturna pre-adulta, decididos a declinar a la invitación de una fiesta de disfraces de nombre Nibiru, terminan por rodearse de diversos placeres que van desde drogas, alcohol, sexo, hasta redes sociales, entre otras actividades lúdicas que tienen como objetivo deshacer su aburrimiento.
Mientras más personajes se van agregando a la historia, con distintos perfiles que rayan en lo caricaturesco, la película nos oculta un elemento que detonará toda clase de absurdos e irreales momentos: una presencia no humana que se convertirá en el mayor catalizador para una fiesta que se encuentra fuera de este mundo.
Es casi un hecho que este proyecto independiente no es apto para todo tipo de taquilla, y que sólo aquellos que busquen un viaje psicodélico y diferente en la pantalla grande, encontrarán en Fiesta Nibiru la respuesta ante dicha necesidad.
