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La poeta checa Ilse Weber nació en Witkowitz (hoy Polonia) en 1903, y en 1942 fue deportada al campo de concentración de Theresienstadt, cerca de Praga. Ahí escribió su poema Wiegala, una canción de cuna que sobrevivió al holocausto. A través de este poema, Marcelo Schuster montó para el Festival Internacional de las Luces de la Ciudad de México FILUX una instalación holográfica, la aparición espectral de Ilse Weber y luego recogió dicha experiencia en lo que hoy es su libro más reciente, Espectro, editado por Colección Neanderthal.
Schuster en entrevista con Crónica confiesa que la idea de crear un performance poético-filosófico-holográfico nació cuando visitó la Sinagoga Portuguesa de Ámsterdam, “pues en esa sinagoga intacta, pero vacía, me pareció ver cómo Europa había desmantelado, a partir de la Segunda Guerra, la tradición de su pensamiento judío (de Spinoza a Lévinas) y la necesidad histórica de su destierro definitivo.”
Al preguntarle sobre Espectro y sobre por qué tomó la figura de Ilse Weber para montar la pieza en la Sinagoga Histórica Justo Sierra de la Ciudad de México, Schuster dijo que “Ilse y su poemario justifican el destierro del pensamiento judío hasta América. Por supuesto que es una ficción experimental la presencia espectral de Ilse Weber, pero, en realidad, lo que quería traer, a través de su imagen y su voz, era el tránsito mismo del pensamiento judío hasta nuestros días, es decir, que los espectros de la expulsión europea pudieran salir de nueva cuenta en México y prolongar así su historia”.
Marcelo Schuster, también doctor en Filosofía por la UNAM, mencionó que esta ficción es, en todo caso, una reflexión sobre el origen filosófico de ese genocidio, que ejemplifica con el título del poema “Wiegala”, de Ilse: “Yo lo pienso a través del nombre Wiegala, una palabra en idish, pero cuya raíz viene del alemán wiege (cuna), ¿cuál será, entonces, la relación entre ambas lenguas, entre la raíz y su deriva?, ¿en qué momento se recibe una lengua en la otra y en qué momento se quiebra el vínculo para ser expulsada una de la otra? En alemán, la lengua expulsa —avala el genocidio—, en idish la lengua suelta las raíces y confiesa a sus hijos salvados.”
Y para hacer que esa palabra “salva”, pronunciada dentro del poemario que Ilse dejara en Theresienstadt, confesara, Schuster produjo la instalación holográfica, allá por el 2015: “La obra —que presenté en FILUX— , si bien fue un espectáculo de paseantes cívicos —que peregrinaron dentro de una sinagoga— tomó un sentido sacro, sagrado, yo diría santo. Los ciudadanos o sujetos civiles, al entrar a la sinagoga e interactuar con el holograma, fueron confrontados con algo con lo que posiblemente ya no tenían experiencia cotidiana, la conmiseración o la piedad por el otro, y a la vez el terror por lo absolutamente desconocido o incognoscible. La pieza nos dejaba inermes, nos cuestionaba como ateos, pero también cuestionaba el ateísmo de Auschwitz y el de los campos, la falta de Dios y la inevitabilidad de la pena de muerte. Ilse cantaba, entonces, como la musa de un nuevo destino o de una historia a contrapelo.”
