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Los iconos religiosos judíos representados por manos católicas. Pasajes como la creación del mundo y del hombre, la expulsión del paraíso, el diluvio universal, el pueblo hebreo en su camino hacia la tierra prometida y personajes como Moisés, los reyes David y Salomón, Job o Sansón, nunca llevados a la plástica por lo judíos, cobran vida en el arte realizado en la Nueva España durante los siglos XVII y XVIII.
Las 55 obras, entre pinturas, esculturas, grabados, estampas y un biombo, que integran la exposición El Antiguo Testamento y el arte novohispano, en el Museo Nacional de San Carlos, son ejemplo del “cruce de camino de dos mundos que se terminan uniendo”, comentó ayer Carmen Gaitán, directora del museo.
“No es una muestra más de arte religioso o sacro. Estamos ante la revelación de secretos, guiños, misterios, en torno a cómo interpretaron los católicos novohispanos el imaginario del judaísmo. Y se observa que, si bien renegaron de ese pasado, aceptaron que se fincan en él. Son piezas pocas veces vistas”, agregó la promotora cultural.
La tela de grandes dimensiones El santísimo, de casi 14 metros de altura, que recrea el espacio más sagrado del famoso Templo de Salomón, construido entre los años 970 y 930 antes de nuestra era, donde se resguardaba el Arca de la Alianza, es la pieza central de la exposición.
Pintada en la Nueva España en el siglo XVIII, este lienzo de autor anónimo podrá ser visto por primera vez por el público mexicano, pues estaba instalado detrás del altar del Santuario de Atotonilco, Guanajuato, a donde sólo tenían acceso los clérigos.
Gaitán narró que traer esta tela implicó un esfuerzo único. “La empresa de transporte con la que siempre trabajamos nos dijo que era imposible sacarla de donde estaba, porque las figuras de los santos que la rodeaban no permitían que la pieza se volara. Entonces, enviamos a nuestros museógrafos, que tienen prestigio mundial por su audacia, y lograron sacarla. Gracias a eso contamos con ella”.
La funcionaria agradeció a la comunidad y al párroco del Santuario de Atotonilco que hayan aceptado compartir su pieza icónica con los mexicanos. De ésta, la doctora Marcela Corvera destacó la estética singular de los querubines que rodean el Arca de la Alianza y las Tablas de la Ley ahí representados, así como el candelabro de siete brazos.
