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"Los artistas tenemos un gran privilegio: hacemos muy felices a la humanidad. El público te da todo, porque llega, sin importar religión, a las presentaciones. El público es el que nos ha escogido, sin él nada somos”, declaró el tenor Plácido Domingo (Madrid, España, 1941), uno de los hijos pródigos del Conservatorio Nacional de Música, que regresó a su alma mater, para ser homenajeado.
“Este es un regalo que recibo muy emocionado, espero poder venir y poder actuar en el auditorio al aire libre”, dijo el tenor tras presenciar el bautizo con su nombre del auditorio al aire libre que está ubicado en las inmediaciones del Conservatorio Nacional de Música (Presidente Masaryk núm. 582, colonia Polanco), además de la develación de una placa.
Plácido Domingo fue reconocido por su amplia trayectoria, tanto como cantante, director de orquesta y empresario cultural, en un acto en el Conservatorio Nacional de Música, institución con la que tuvo contacto desde 1955, cuando con tan sólo 14 años, ingresó para comenzar sus estudios de piano.
“Las lágrimas son difícil contenerlas, tanto tiempo ha pasado”, recordó al subir al escenario y dar sus primeras palabras, para luego hacer un recuento sobre su vida, su contacto con la música y los consejos que le dieron sus padres Plácido Domingo y doña Pepita Embil.
El fundador de Operalia y el World Opera Competition, recordó que tanto cantantes como directores de orquesta le preguntaban dónde había estudiado, a lo que dijo, siempre respondía con total seguridad: en el Conservatorio Nacional de Música, su alma mater.
El actual director general de la Ópera de Los Ángeles, viajó a sus años como estudiante para reconocer a aquellos “grandes profesores”, de quienes no solamente había recibido conocimiento, sino que también le hicieron pensar en su carrera como cantante y música.
Entre los nombres que trajo a cuento el tenor que llegó a México a los ocho años, se pudieron escuchar reconocidos nombres como Carlos Chávez, Blas Galindo, además de profesores de canto, como el barítono chileno Carlo Morelli y la mezzosoprano mexicana Fanny Anitúa; sin embargo, le fue “difícil recordar a todos”.
El también actual presidente de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica iba a continuar su discurso; sin embargo, hizo una pausa, porque reconoció entre los presentes a su gran amiga: la soprano mexicana Cristina Ortega (Crónica 24/10/2018).
Después de su intermedio siguió con su trayectoria y habló de sus padres, cantantes de zarzuela, quienes que trajeron a México a Plácido Domingo, como parte de su carrera en territorio nacional.
El tenor recordó que cuando le comentó a su padre su interés por dedicarse a la música, éste le externaba cierto desánimo, pues le recomendaba que primero debía estudiar música, consejo que lo llevó a estudiar primero piano y luego dirección de orquesta, ambas en el Conservatorio Nacional de Música, donde tuvo como compañero de clases a Eduardo Mata, bajo la tutela del emblemático Igor Markevitch.
