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En el quinto día de competencias de los Juegos Olímpicos de México 68, los récords mundiales y olímpicos en el estadio de Ciudad Universitaria ya se estaban haciendo comunes, pero aun así asombraron los cuatro récords seguidos en salto triple.
Esta historia de aquel 17 de octubre de 1968 comenzó así. Un día antes en la sesión de eliminatorias el italiano Giuseppe Gentile batió la plusmarca mundial en 17.10 metros (sin viento). Como anticipo de que la final iba a estar aún mejor.
Y así fue. Dichosos los que compraron boletos para presenciar las actividades de ese día, pues presenciaron lo nunca se había visto y acaso nunca jamás se verá: Cuatro récords mundiales sucesivos en el salto triple. La emoción estuvo al máximo por tan espectaculares saltos.
Animado por su actuación del día anterior, Gentile dio tres brincos y de nuevo ¡récord mundial! con 17.22 metros. Eso fue apenas el comienzo.
En su turno el georgiano Viktor Saneyev lo volvió a superar por un centímetro con un brincó 17.23 metros, pero esto aún no termina y los presentes con el Jesús en la boca.
Más tarde, el brasileño Nelson Prudencio acarició el oro con otro récord mundial 17.27 metros. Tanto Saneyev como Prudencio tuvieron viento a favor de 2 m/seg.
El desenlace. Con movimientos armoniosamente Saneyev salta y vuela, vuela, vuela, extiende el récord mundial a 17.39 metros. Oro en su debut olímpico, su asombrosa respuesta tras lo acontecido: “Fue un fogonazo pasajero”.
No cabe duda fue un día memorable para el atletismo mundial y los Juegos Olímpicos de México 68.
Con la medalla de plata se quedó Nelson Prudecio con sus 17.27 metros y con la de bronce Giuseppe Gentile con y sus 17.22 metros.
