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Elgar, Dvorak, Lavry y Monge fueron los compositores elegidos por la Orquesta Sinfónica de Israel Rishon LeZion, para el primer concierto que ofreció en México, país que arropó a la agrupación con ovaciones.
El debut de la orquesta se dio a 30 años de su creación y en el marco del Festival Internacional Cervantino, frente a un público tanto nacional como extranjero, que quedó maravillado por la coordinación de los músicos que estuvieron bajo la batuta del director huésped Yeruham Scharovsky.
La Orquesta Sinfónica de Israel Rishon LeZion estuvo en el Teatro Juárez (Guanajuato), recinto donde ofrecieron como primera pieza Hora. Danza del poema sinfónico Emek, de Mark Lavry, compositor que, para su obra, tuvo como fuente de inspiración el Valle de Izrael, zona agrícola al norte de este país considerada como punto crucial para los inmigrantes europeos.
El poema sinfónico está basado en el texto del mismo nombre escrito por Rafael Eliaz, y que al igual que la obra de Lavry, describe las actividades de los jóvenes inmigrantes en aquella región oriental. Sin embargo, la pieza musical está dividida en tres partes: “Pinturesca”, “Épica” y “Hora”.
En el escenario, estaba la orquesta conformada por músicos de más de 12 nacionalidades, mientras que, en los asientos, se dio cita un público pendiente de todo lo que ocurría, aún más, cuando la agrupación atravesaba por compases lentos, pues era en esos instantes cuando se colaban gritos de la juventud en éxtasis que se encontraba afuera del Teatro Juárez.
Frente al ruido, Yeruham Scharovsky daba indicaciones, la gente se volteaba a ver entre sí ante la desconcentración provocada; pero la orquesta superaba el sonido de panderos, gritos y rechiflas a través de la interpretación de cada movimiento.
Al término de la pieza de Lavry, la orquesta hizo una pausa, salieron un par de violinistas, espacio en el que se instaló una tarima en la que segundos después estaría la violonchelista Danielle Akta, calificada por la crítica especializada como una “gran estrella del futuro”.
Danielle Akta salió con una sonrisa disimulada, para comenzar con la interpretación del Concerto para violonchelo y orquesta (Concierto para violonchelo en mi menor, Op. 85), de Edward Elgar, escrito en 1919, después de la Primera Guerra Mundial.
