
Para el historiador de El Colegio de México, Luis Aboites Aguilar, en el siglo XX existieron muchos conflictos y malas decisiones del partido dominante, el PRI, pero también considera que a los mexicanos nos atemoriza reconocer que al final de cuentas “los priistas hicieron bien las cosas en algunos sectores, periodos y zonas”.
El autor del capítulo El último tramo, 1929—2000 del libro Nueva historia mínima de México (El Colegio de México, 2000), conversa con Crónica sobre lo más relevante que sucedió después de 1968. Actualmente, Aboites Aguilar alista la historia mínima correspondiente al periodo 2000-2015 que pronto se incluirá en versión digital.
—Las instituciones que nacieron después del 68, ¿fueron estrategias a favor de la inclusión y derechos humanos?
—Después de la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968, el Estado mexicano se vio obligado a buscar otras maneras de llevar las riendas del país. Una de ellas fue tratar de incorporar a grupos de inconformes al propio gobierno, especialmente entre las clases medias ilustradas, urbanas.
El aumento del presupuesto educativo fue una de las vías preferidas para tal propósito. En tiempos del presidente Luis Echeverría se crearon varias instituciones de educación superior: la Universidad Autónoma Metropolitana, el Conacyt, y varias universidades estatales (Baja California Sur, Aguascalientes, Ciudad Juárez). También se invirtieron grandes sumas en edificios universitarios y equipamiento.
—¿Desde los 70 se acentuó el desempleo en el país?
—La diferencia entre ingresos y egresos gubernamentales (el déficit fiscal) creció sostenidamente a lo largo de la década de 1970. Ante la imposibilidad de cobrar más impuestos, el gobierno mexicano prefirió endeudarse, como también hicieron empresas privadas y gobiernos de otros países, aprovechando las bajas tasas de interés.
Cuando estas tasas subieron en el mercado internacional, hacia finales de esa misma década, apareció el problema de la deuda externa, que se mantuvo como pesada carga para la población mexicana y para el Estado al menos hasta 1990. Además, el precio del petróleo vino a la baja.
—¿Fueron los 60 y 70 las décadas de mayor exceso de poder?
—La llamada “Guerra sucia” es un episodio cada vez más documentado y reconocido de la historia mexicana de la segunda mitad del siglo XX, especialmente de las décadas de 1960 y 1970. Fue la respuesta salvaje del Estado mexicano a la amenaza que representaba la guerrilla, rural y urbana. Lo llamativo es que durante la década de 1970 esa guerra se llevó a cabo al mismo tiempo que el propio Estado mexicano se esforzaba por ofrecer una fachada progresista, tercermundista; era cercano al gobierno de Salvador Allende en Chile y al de Cuba. También recibió a miles de perseguidos políticos de países sudamericanos.
—La Sonda de Campeche, ¿fue un respiro para la economía?
—Los descubrimientos petrolíferos de la costa del Golfo de México fueron un respiro para las finanzas públicas mexicanas y en general, para el país. Los ingresos petroleros aportaron durante décadas alrededor de un tercio de los ingresos federales totales. En todo ese tiempo, la explotación petrolera se basaba en Pemex como empresa estatal; hoy día se impulsa otro modelo, que incorpora al capital privado, nacional y extranjero.
—¿Los ejercicios democráticos más importantes después de 1968 fueron: la reforma electoral de 1977, el triunfo del panista Ernesto Ruffo en 1989 y el nacimiento del IFE?
—Sin duda. Esos tres acontecimientos hicieron posible el triunfo del opositor Vicente Fox en 2000, marcando el fin del largo dominio electoral del PRI.
—¿1968 fue un parteaguas en la historia nacional?
—El Movimiento Estudiantil de 1968, y sobre todo su desenlace en Tlatelolco, marca el inicio no tanto de la expansión de la ciudadanía sino el inicio del declive del acuerdo general que hacía del Estado posrevolucionario, para mal o para bien, el legítimo depositario del supremo interés nacional.
Esa idea, laboriosamente construida durante décadas, comenzó a deteriorarse desde entonces, en un proceso que no tuvo reversa. No parece casualidad que los gobernantes hablaran cada vez menos de la Revolución Mexicana de 1910. Compárese el lugar que guardaba esa revolución en la década de 1970, con el peso que tenía en la década de 1990 y el que ocupa en la actualidad. Puede decirse que el Estado mexicano, quizá después de 1990, se desprendió de la Revolución de 1910.
—Comenta que un rasgo del siglo XX fue la estabilidad política y social, ¿por qué pocos mexicanos destacan eso?
—Porque nos da miedo reconocer que, pese a todos los pesares, el país avanzó notablemente a lo largo del siglo XX. Nos atemoriza reconocer que, a final de cuentas, los priistas hicieron bien las cosas en algunos sectores, periodos y zonas (esperanza de vida, milagro económico, educación, salud, electrificación, agua potable y alcantarillado, transportes). Eso no se puede negar, aunque nos cueste trabajo estudiarlo y valorarlo en toda su complejidad.
La estabilidad social y política es uno de esos logros, lo que no significa ni por asomo que no hubiera conflictos, levantamientos, represiones, huelgas y otras muestras de profunda inconformidad. Tal inconformidad empezó a manifestarse con más fuerza desde 1949 y arreció a partir del movimiento ferrocarrilero de finales de la década de 1950.
