
En abril de 1824, el Congreso mexicano declaraba a Agustín de Iturbide como “traidor” de la patria.
A través de un decreto, amenazaba con juzgar a cualquier persona que “favoreciera” el regreso del militar al país. Un año antes, el 11 de mayo de 1823, Iturbide, su esposa, sus ocho hijos y 19 sirvientes salían exiliados con rumbo a Europa después de un breve Imperio que duró apenas diez meses.
El torrente difamatorio comenzó poco antes: en 1822, Vicente Rocafuerte publicaba desde Filadelfia su Bosquejo ligerísimo de la revolución de México, cuadernillo en el que acusaba a Iturbide de villano, traidor e, incluso, de mujeriego.
México había elegido a Miguel Hidalgo como su Padre de la Patria e Iturbide, estorbaba.
El autor de Yo, Díaz, Pedro J. Fernández, vuelve a las librerías con un título que levanta ámpula y busca reivindicar a Iturbide como el verdadero libertador de México.
“Él es el libertador, es quien escribe el primer plan real de Independencia (Plan de Iguala), quien se sienta con Juan de O’Donojú a pactar la Independencia y quien también lo hace con Vicente Guerrero; es un héroe incomprendido, no podemos entenderlo, pues al principio era realista y luego consigue la Independencia, pero él es realmente el libertador y el primer gobernante del México independiente”, dice el autor en entrevista.
Fernández ha elegido la novela para contar su historia: aventura los diálogos y circunstancias que debieron ocurrir en el seno criollo donde nació Iturbide y alterna con pasajes que él mismo escribe, a manera de cartas, para relatar a su hijo los episodios históricos.
En Iturbide, el autor encontró el personaje perfecto para contar la Independencia: primero, es un libertador que devino en villano; también, como pocos, se mantuvo vivo para atestiguar el desarrollo de la Guerra de Independencia, desde sus inicios hasta el final.
