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Bigote perpetuo y cejas pobladas. Sonrisa de tipo afable y el sombrero de cowboy siempre a cuestas. Señas de identidad de Burt Reynolds, uno de los actores más carismáticos de la década de los 70 y un hombre que dejó su huella en títulos como Amarga pesadilla (1972), Dos pícaros con suerte (1977), Golpe bajo: El juego final (1974) o Carrera de locos (1981). Ayer, Reynolds falleció a los 82 años en un hospital de Florida.
Reynolds murió en Jupiter, sur de Florida, a los 82 años en un deceso que, de acuerdo a un comunicado de la familia emitido por su sobrina Nancy Lee Hess, fue “totalmente inesperado” a pesar de que tenía problemas de salud.
De acuerdo a Nancy Lee Hess, Reynolds “esperaba ansioso” por ser parte de la próxima película de Quentin Tarantino, Once Upon a Time in Hollywood, en donde iba a compartir cartel con otras estrellas como Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Al Pacino y Margot Robbie: “Mi tío no solo fue un icono del cine, fue un hombre generoso, apasionado y sensible que estaba dedicado a su familia, amigos, seguidores y estudiantes de actuación”, agregó la sobrina.
Este audaz, cómico, cínico y mujeriego personaje de la pantalla grande y chica conquistó las salas de cine y el amor de las también actrices Loni Anderson, con quien estuvo casado seis años y adoptó un hijo, la británica Judy Carne, fallecida en 2015, y Sally Field, entre otras muchas.
A pesar del paso de los años, Reynolds siempre lució su espeso bigote, pobladas cejas y sonrisa pícara, aunque sí mostraba ya ciertas dificultades para caminar que achacaba a lesiones sufridas a las “acrobacias” que realizó durante las escenas de acción de sus películas.
