
En Nicaragua “a todos nos duele respirar”, afirma con tristeza el escritor Sergio Ramírez al evocar la muerte del niño Álvaro Conrado, de 15 años, ocurrida mientras repartía agua entre quienes protestaban contra el régimen del presidente Daniel Ortega el pasado 20 de abril.
“Fue asesinado de un balazo en la garganta por un francotirador. Una vez que cayó herido al suelo dijo ‘me duele respirar’”. Así describe el narrador nicaragüense a Excélsior el caso del primer infante que falleció en medio de la violencia que azota al país centroamericano desde hace cuatro meses.
De hecho, el Premio Cervantes 2017 comenta que las palabras “Me duele respirar” le atraen mucho como “título emblemático” del libro de crónicas, “con narración literaria y periodística”, que planea escribir para “mostrar desde dentro lo que estoy viendo”.
El novelista y cuentista que cumplió 76 años el pasado 5 de agosto confiesa que “quisiera convertir las cifras en seres humanos, porque aquí se habla de 400 y tantos muertos, dos mil heridos, 23 mil exiliados sólo en Costa Rica; gente que huye, que está escondida. Pero todos estos números tienen rostros, nombres”.
En entrevista vía telefónica desde Managua, el Premio Carlos Fuentes 2014 detalla que si cuenta diez o 12 historias distintas conformaría una especie de mural de lo que está aconteciendo.
No quiero relatar cómo empezó esta lucha, sino narrar la vida de la gente que desgraciadamente sobresale porque ha tenido una muerte singular o su vida ha sido tocada de manera especial en estos cuatro meses”, agrega.
El ensayista explica que sólo tiene el borrador de lo que quisiera hacer, pero no ha podido escribir. “El ambiente aquí es muy agresivo. Uno no puede liberarse a la imaginación sin estar viendo lo que ocurre cada día. Es una situación difícil”.
Las semillas de la violencia que se vive hoy, prosigue el también político y abogado, están expuestas en su novela negra Ya nadie llora por mí (Alfaguara). “El abuso policial, la tortura en los centros de detención, el empoderamiento de personajes corruptos. Estos rasgos se han evidenciado ahora que el caso de Nicaragua es más conocido”.
