
Paco Ignacio Taibo II dice que en su reciente libro, con dos historias: La libertad, la bicicleta y El olor de las magnolias, “están mis obsesiones y pasiones por la libertad, los recuerdos, lo insólito, el sentido del humor negro y la historia”.
Especialmente la historia de México en El olor de las magnolias, donde narra cómo Porfirio Díaz trajo a un grupo de italianos para que hicieran un frente contra las comunidades campesinas de Veracruz. “No estaba mal recordar el Porfiriato porque no se ha terminado de ir. Privilegió la inversión extranjera, donde valía madres que esa inversión viniera aparejada de injusticias, robo de tierras, agravios a las comunidades campesinas, negocios turbios y corrupción”.
Estas dos historias, explica, son diferentes y sólo tienen en común que “yo los escribí. La libertad, la bicicleta es un reportaje personal e histórico sobre un momento de la vida de mi padre que me parece muy significativo, extraño y sorprendente, en el cual tuve que sumar toda la pedacería para armarlo, porque mi papá nunca escribió esta historia. El olor de las magnolias es una novela de ficción basada en mi amor por Nápoles, una ciudad que me fascina”.
Pero cada una sí tiene sus obsesiones y pasiones por la libertad y como dice: “Son dos libros de cocinas diferentes que tardaron muchos años en armarse y, curiosamente, poco tiempo en escribirse: en dos o tres meses”.
— Los personajes centrales de ambas narraciones hacen una revaloración de lo que son.
— Es cierto, son historias de una gran intensidad, aunque totalmente diferentes: una es el relato de un periodista que trata de encontrar la libertad y la busca en algo tan insólito como la crónica ciclista. Papá nunca había hecho el periodismo deportivo. Saltó de la nada al ciclismo profesional.
— La otra es una novela que cuenta la historia de una gran pasión y derrota, y una gran culpa que es la que empuja al personaje. Son dos mundos diferentes, pero donde están las cosas que me gustan contar.
— Estas evocaciones que hace en los relatos sobre la corrupción, el autoritarismo, siguen presentes en México.
— Sí. La última ruptura que vivió el país tiene que ver con el pasado inmediato priista-panista-mancerista, pero también tiene que ser una ruptura con el México porfirista que heredamos y no terminaba por irse. Entonces no estaba mal recordar el porfiriato en El olor de las magnolias.
— ¿Por qué no hemos terminado con este México porfirista?
— Porque había gente interesada en que no se acabara, porque el aparato del Estado se dedicó a cultivar un porfirismo de nuevo tipo, donde lo importante era la inversión extranjera, donde valía madres que esa inversión viniera aparejada de injusticias, robo de tierras, agravios a las comunidades campesinas, negocios turbios y corrupción. Con esta lógica infernal, vivimos muchos años.
— Pero ahora se abre una etapa de interesantes debates y esperanzas. Lo que se produjo en México fue una revolución electoral de dimensiones profundas que señala algo muy claramente: esta sociedad tiene agravios, hay heridas abiertas. Es función de la sociedad y del nuevo gobierno restañar estas heridas, curarlas, resolver los problemas. Podemos vivir sin corrupción, sin violencia del narco, sin neoliberalismo que quita a la nación sus valores esenciales.
— ¿Porque enlazar estas dos historias en un libro?
— Están unidas azarosamente por una decisión tomada con la editorial Planeta y donde analizamos: ¿cómo las publicamos?: como dos libros o uno que diga dos historias de Paco Ignacio Taibo II y dijimos ¡no!, son totalmente diferentes, no van bien en un solo volumen. Entonces lo editamos en dos, y resolvimos que no porque sería más caro. Por lo que se concluyó publicarlo como un reversible: dos libros en uno.
— ¿Estas dos novelas en qué parte de su corpus literario las ubica?
— Son lo que soy ahora. El autor de El olor de las magnolias y Libertad en la bicicleta, el militante que coordina parte de los trabajos de la Brigada para Leer en Libertad, la promoción de la lectura, el polemista político. Soy el mismo, no he variado gran cosa.
— ¿Cómo es su proceso de escritura?
— Nunca sé qué libro voy a terminar. Esto no es complicado, porque escribo de una manera divertida: escribir lo que me apetece. A veces avanzo en uno o en otro, porque tengo 10 proyectos abiertos, hasta que uno de éstos dice ‘yo’, y entonces me concentro en ése para rematarlo.
— Pero lo interesante de la literatura es producir una doble función: interés que cautive al lector y la reflexión que lo ponga seguir pensando en el mundo en que vive.
— ¿Estos relatos son el placer de la narrativa, después de los tres tomos de Patria?
— Tenía que descansar, ir a escribir por otros lados. Patria fue agotador: millares de notas sueltas que había que poner en un rompecabezas histórico, había que encontrar la forma de narrarla, que no fuera aburrida y revivir una época apasionante. Por eso tenía que salir de Patria por algún lado, y estas novelas fueron ese lado.
— Esto es el placer del escritor de no estar amarrado. Siempre tienes una presión: a Patria le fue muy bien, vendió 100 mil ejemplares entre abril y diciembre. Haz otro así. ¡No!, espérate. Uno más así son cinco años de investigación.
