
Sergio Obeso Rivera ofició su primera misa tras su nombramiento de cardenal en la Catedral Metropolitana de Xalapa.
Llegó luego de las 11:30 horas por la entrada principal y subió las escalinatas hasta llegar a la catedral, donde fue recibido por el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, el obispo auxiliar, integrantes del Consejo Presbiteral, sacerdotes colaboradores inmediatos del Arzobispado de Xalapa y el gobernador del estado, Miguel Ángel Yunes Linares.
Entre aplausos y saludos de los feligreses, entró a la eucaristía a revestirse junto con los obispos usando ornamentos blancos para luego iniciar la eucaristía la concelebrada el arzobispo de Xalapa, el obispo auxiliar, los obispos de la provincia de Xalapa, el obispo de Veracruz, de Tuxpan, de San Andrés Tuxtla, de Coatzacoalcos y más de 100 sacerdotes.
Durante la ceremonia, previo a la lectura fue presentado y leído el título firmado por el Papa Francisco al cardenal Sergio Obeso Rivera. En su homilía, el cardenal Sergio Obeso agradeció a Dios el encargo encomendado dentro de la iglesia en lo que dijo, es hecho al final de su vida.
"El dueño de la viña ha querido distinguirme a última hora con el trabajo que puso en mis manos desde el amanecer: poner mi existencia total a su servicio. La expresión última de este llamado es lo que estamos celebrando y en el que ustedes me honran con su presencia; al estar el Señor por llamarme en el ocaso de mi vida a dar la cuenta final, me concede un privilegio que hoy pongo bajo el signo del servicio a Su voluntad: me ha llamado a ponerme a su disposición totalmente, en el servicio de Su Iglesia. Esto significa para mí el que el Señor se haya fijado en mi insignificancia, para dar la última nota de grandeza a esta espléndida sinfonía que suena en su servicio".
Y así, entre aplausos y porras de los presentes fue despedido de esta catedral el nuevo cardenal, quien no saludó personalmente a los asistentes por dejar ese momento a la comida ofrecida a la feligresía e invitados en la Casa de la Iglesia.
