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La noticia sobre la detención de una ciudadana rusa, acusada de ser una agente ilegal del Kremlin en Washington, le estalló ayer en las manos al presidente Trump en Helsinki, en plena luna de miel con su homólogo ruso, Vladimir Putin, de quien dijo que no creía que hubiese ordenado un ciberataque contra Hillary Clinton, su rival en las pasadas elecciones.
La Fiscalía estadunidense anunció la detención e imputación de la presunta agente, María Butina, de 26 años, acusada de vivir en Estados Unidos con una visa de estudiante, cuando en realidad trabajaba para un alto funcionario del gobierno de Putin sin haberlo notificado, lo que constituiría un delito de conspiración que puede conllevar una condena de hasta cinco años de prisión.
La imputación también revela el papel de un estadunidense al que la mujer contactó en Moscú en 2013 y que la ayudó a organizar encuentros con figuras políticas en EU. Los investigadores han tenido acceso a un correo electrónico que mandó ese ciudadano, al que no se identifica, a un conocido suyo el 4 de octubre de 2016, un mes antes de la elección que ganó Trump. “He estado involucrado en establecer una línea de comunicación muy privada entre el Kremlin y líderes clave (del Partido Republicano) a través de la organización de derechos de armas”, en alusión a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (NRA).
Según el diario The New York Times, Butina intentó en dos ocasiones fijar una reunión entre Trump y Putin en 2016 mediante un canal de comunicación secreto. Ese detalle no aparece en el escrito judicial. El rotativo también asegura que el “enlace político” entre la campaña republicana y la agente rusa era Paul Erickson, un miembro de la NRA.
