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“La decepción que experimentamos con la política, economía y con muchos otros modos de organización social y movimientos sociales que se desvanecen, son modos de conspirar contra la utopía o contra la posibilidad de imaginar mundos posibles diferentes al que hoy habitamos”, señaló en entrevista el escritor y filósofo argentino Néstor García Canclini (La Plata, 1939).
El autor de Latinoamericanos buscando lugar en este siglo y Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad conversó con este diario a propósito de su novela Pistas falsas, sobre los daños a la democracia, el rompimiento de utopías y las políticas migratorias.
—¿Por qué escribir una novela futurista?
—El deseo fue pensar a través de la ficción contradicciones que hoy cuesta mucho entender desde las ciencias sociales, apostar más a la imaginación que a la organización conceptual de las observaciones. Como en todo escritor hay en mí el deseo de usar la ficción, gozar a través de lo que uno imagina en relación con las experiencias que tenemos en la actualidad, pero también con experiencias que han ocurrido hace mucho tiempo y pueden iluminar lo que sucede.
Pistas falsas es una novela ambientada en 2029 cuando un antropólogo chino cansado de trabajar en excavaciones en su país para extraer libros de contabilidad e informes sobre catástrofes ecológicas escondidos por empresas fraudulentas, decide retomar sus estudios de español en el Instituto Cervantes y viajar a América Latina, donde renace su interés por conocer la tierra de sus héroes literarios mexicanos y argentinos.
—Escribió que la soberbia de algunos políticos o las decisiones que toma la ciudadanía ponen en peligro a la democracia…
—La preocupación es salir de ciertos esquemas binarios que colocan la responsabilidad en los líderes políticos, en los dictadores, en los políticos corruptos o en los empresarios, sin duda son responsables y deberían ser juzgados siempre.
Pero, ¿qué pasa con las sociedades que los votan, que los siguen apoyando, que los eligen?
“Creo que hay un malestar como motivación ante las idealizaciones que ha habido del pueblo. Hay sectores de la llamada sociedad civil que buscan depurar la democracia, formas de representación que efectivamente hablan desde lo que creemos y no que distorsionen o que oculten, pero nos sentimos abrumados por la cantidad de situaciones en que los votantes y movimientos sociales se deforman, los partidos políticos y sobre todo las empresas que dicen representar a los ciudadanos o consumidores, pero en realidad traicionan”.
—¿Cómo se destruyen las utopías?
—Ha habido en la historia muchos procedimientos para hacerlo: la Inquisición, las represiones violentas, la prohibición de libros, la censura y en nuestros días podemos decir que la distribución inequitativa de las películas, las pantallas abducidas por el cine más comercial de Hollywood, las cuales son formas de mantener alejadas e ignoradas otras fantasías, otros modo de imaginar lo que puede suceder o lo que sucede en relaciones amorosas o eróticas semejantes a las que tenemos.
Sin duda, añadió, la decepción que experimentamos con la política, economía y con muchos otros modos de organización social que se desvanecen, son modos de conspirar contra la utopía.
—¿Cómo definiría el sistema globalizado en el que vivimos?
—Vivimos en muchos a la vez, parte de la complejidad del mundo contemporáneo es que las diferencias se mantenían alejadas porque muy pocos chinos viajaban a occidente y muy pocos occidentales iban a los países asiáticos, ahora están muy cercanas y tenemos que vivir con los otros sin entender gran cosa de cómo son y qué significan para nosotros.
Además, agrega, está el hecho de que las interdependencias obligadas que son la clave de la globalización, suceden y se experimentan de manera muy distinta dependiendo del lugar en donde uno está.
“Eso aparece en la novela cuando el arqueólogo va descubriendo que en países latinoamericanos sufren o disfrutan la globalización de manera diferente, cuando habitantes de un mismo país pueden tener una visión distinta de lo que significa para ellos estar en esa interdependencia con otros”, comentó.
En opinión de García Canclini, lo nuevo de este siglo es que no se puede prescindir de la globalización.
“No podemos recluirnos en la etnia, la familia, la cultura tradicional del país en que nacimos. Es muy común que una familia tenga un hijo estudiando en Estados Unidos, China o Australia, o como sucede en Pistas falsas: muchos investigadores chinos curiosos de entender otras vidas, otras experiencias como las aldeas abandonadas de España con edificios históricos que son comprados por rusos, árabes y chinos ofrecidos en las redes sociales y televisoras internacionales”, dijo.
En la novela editada por Sexto Piso, el protagonista de la historia comenta que en su país (China) se aprovechan de los migrantes para tener remesas y no saturar su sistema educativo. ¿La migración es una solución a las políticas internas de cada país?, se le preguntó al autor.
“Solución entre comillas porque en primer lugar hay que preguntarse solución para quiénes. México desahoga las presiones sociales muy parcialmente con los 15 o 20 millones de mexicanos que buscan trabajo en Estados Unidos y que envían remesas a sus familias que viven aquí, pero en esos procesos hay desgarramiento de las familias escindidas, hay dolor, muertes, costos muy altos”.
También, agregó, que hay una especie de resignación que el país expulsor —México, Ecuador, Argentina, Colombia y Venezuela— podrían vivir sin los que se van, sin embargo, esa afirmación es falsa.
“Ya hay muchas evidencias de que esto es falso, lo que significa para un país que invierte en educación durante 8 o 16 años llega a formar licenciados, doctores y luego que éstos tengan que buscar su trabajo en otro país y servir al desarrollo científico, industrial, tecnológico en otra sociedad. Hay una irracionalidad del propio desarrollo del capitalismo”.
