
“El puño es el arma humana por excelencia”, dijo el Premio Nobel belga de 1911, Maurice Maeterlinck, y es una cita que recupera el escritor y cronista deportivo Eduardo Lamazón para definir el boxeo como una novela, porque sin historias, nada es y porque recuerda los orígenes del hombre por la supervivencia.
Esa premisa dio origen a Los primeros pasos, el libro número uno de doce que conforman la colección A puño limpio. La gran historia del boxeo. Estos volúmenes que se distribuirán cada quince días en los puestos de periódicos de todo el país hasta el mes de noviembre, reúnen cuentos, testimonios y crónicas sobre el boxeo que han escrito autores como Homero, Alejo Carpentier, Jack London, James Ellroy y Joyce Carol Oates.
“En estos tiempos donde las guerras ya no las hacen soldados sino misiles, la frase de Maeterlinck nos lleva a reflexionar cómo era esto de pelear en los orígenes, era un poco más misericordioso. Te pegaban con el puño y respondías, ahora nos pegan con un misil y nos desaparecen. Lo que dijo el Nobel tiene un poco de ese romanticismo de los orígenes del hombre, quien debía pelear para sobrevivir”, indica el prologuista Lamazón.
A diferencia de los otros deportes, añade, el boxeo tiene historias de vida conmovedoras porque sus protagonistas vienen del infierno. “No eres boxeador si has ido a la escuela y si tienes la habilidad de desempeñarte en otra cosa; los boxeadores son los más desabrigados por la sociedad, son los marginados, los que tienen todas las puertas cerradas, son quienes buscan una ventana abierta por dónde colarse para tratar de modificar su vida”.
Para Lamazón el boxeador es alguien que pelea por dignidad, honor y orgullo, “eso lo saca adelante, aunque pelea fundamentalmente por necesidad”.
