
El sueño disloca todo lo que roza y, al dislocarlo, lo hace nuevo y fresco. Permite penetrar en la pesada estructura de nuestra vigilia, en la aburrición de lo rutinario. El sueño no se construye ni se inventa, simplemente sucede. “Es lo que ocurre cuando la imaginación toma el control”, afirma Hugo Hiriart (1942).
El escritor y dramaturgo hurgó durante muchos años en este suceso “enigmático” producto de la imaginación y la memoria juntas, que no comienza ni acaba, que no se puede narrar ni resumir, en el que no hay gobierno ni censura. Y en 1995 publicó el ensayo Sobre la naturaleza de los sueños (Era).
Hoy, 23 años después, el académico mexicano sigue pensando lo mismo sobre esta especie de juego que no sólo se da mientras dormimos, sino también desde la vigilia. “Los sueños son enigmáticos, emblemáticos, parece que te están diciendo algo, pero no. Tienen una estructura muy rara. Los sueños son el más enigmático de los trabajos de la imaginación”.
El novelista ofrece en este título una disquisición “inteligente, alegre y sencilla” sobre la naturaleza de los sueños. “Este libro fue escrito en soledad, sin comentar con nadie, sin fichas, las detesto, llenando a mano, una tras otra, las cuartillas blancas”, explica el autor sobre su procedimiento de trabajo.
¿Cómo nacen los sueños? ¿Por qué y cómo ocurren? ¿Cuánto duran? ¿Qué significan? ¿Cómo los recordamos? Estas son algunas de las preguntas que busca responder el volumen que Era acaba de reeditar dentro de su colección Alacena de Bolsillo.
El profesor e investigador de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México afirma en entrevista que “los sueños son absolutamente democráticos. Un niño y un adulto sueñan parejo, no hay talento para soñar, no sueñas mal o bien, todos soñamos bien, es la absoluta democracia”.
Quien ha abordado en su ensayos temas como las telarañas, la imaginación, vivir y beber o el arte de perdurar aclara que “el valor emotivo, sentimental y aún pasional de los sueños no se puede transmitir. La mitad de un sueño es lo que sabes, no lo que experimentas. Como no es una narración, no se desarrolla en el tiempo, no se puede guardar. Por eso es fugaz y se olvida”.
