
El hombre de nuestro tiempo vive una época en decadencia, capturada por el instante y el automatismo, dice a Excélsior el editor y escritor Jacobo Siruela (Madrid, 1954), fundador de sellos emblemáticos como Siruela y Atalanta, que está en México para recibir la Medalla al Mérito por la Universidad Veracruzana, en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario (FILU), que se llevará a cabo del 27 de abril al 6 de mayo.
Vivimos una era llena de artificios, añade, donde sólo la poesía y la buena literatura podrían conectar a las personas con la belleza y la naturaleza, en un momento donde el editor prefiere no apostar por la actualidad, sino por el pasado y la memoria, con libros sensuales que muestren la sensibilidad y la inteligencia del conocimiento de otras épocas.
Jacobo Siruela inició su actividad como editor en 1980, con la publicación de La muerte del rey Artur (anónimo del siglo XIII), con el que obtuvo su primer premio. Entonces abandonó su faceta como artista y descubrió, como lector, a Jorge Luis Borges, autor que le mostró un tesoro de conocimiento arraigado en las mitologías y literatura medieval. No hace mucho fue definido como un reaccionario frente al mercado global del mundo editorial, por su apuesta en contra del libro electrónico, cuyo modelo ha fracasado.
“Claro que he comprado libros en Amazon, porque Atalanta está en el campo, pero lo que no me hubiera gustado es que Amazon, Google y unas cuantas compañías más tuvieran el monopolio de la cultura. Eso me preocupaba. Lo importante es la diversidad y en el momento en que ésta se termine… se mueren las culturas”, afirma.
¿Qué relevancia tiene un premio universitario como éste para un editor que no se guía por el reconocimiento?, se le cuestiona. “Para mí sí tiene un significado muy grande el hecho que una universidad nos entregue este reconocimiento, dado que 50% de los libros que publicamos son ensayos, aunado a que 50% de las ventas de exportación están aquí. Así que el premio me tiene muy honrado”.
¿Cómo consigue un sello pequeño su propia identidad en un mercado global? “Estoy seguro de que una pequeña o mediana editorial necesita un rostro o una idea motriz. En cambio, las grandes editoriales no lo necesitan, porque publican muchos libros de todo tipo. Para mí no tiene sentido que una pequeña editorial imite lo que hacen los grandes grupos”.
¿Cuál es la fórmula? “Ensayando nuevos caminos. Como decía (José) Lezama Lima, ‘sólo lo difícil es estimulante’. Así que debemos probar sin lanzarnos a lo loco. Un ejemplo: hemos lanzado libros con tres mil páginas que provocaría a otros editores que echaran las manos a la cabeza. Son libros que jamás alguien se atrevería a hacer, pero es algo que Atalanta ha repetido en tres ocasiones y con éxito”.
¿Ha cambiado la dirección de Atalanta a 13 años de su fundación? “Atalanta es una investigación cultural con un camino opuesto a los dictados del mercado. Con los años uno tiene cierta confianza en sí mismo y entonces pensé: si un libro me apasiona y tiene un gran interés para mí, ¿por qué no lo va a tener para más gente? Nosotros no publicamos novelas, sino cuentos y publicamos ensayos, y apostamos por la memoria en lugar de la actualidad, con libros que nos enseñan y nos muestran la sensibilidad y la inteligencia del conocimiento de otras épocas”.
¿Pero tampoco es un vistazo al pasado como inercia? “Lo que tiene que ver con el pasado siempre es interesante si tiene un punto en contacto con el presente. Y ese punto de contacto puede ser algo que al presente le falta y que necesita un paralelismo o alguna similitud, y como ejemplos están las memorias de Casanova (Historia de mi vida, de Giacomo Casanova) que son la autobiografía del siglo XVIII europeo, y El erudito de las carcajadas, de Jin Ping Mei”
¿En el pasado están las respuestas? “Digamos que la memoria es importantísima. Y ahora que vivimos capturados por la actualidad y por el instante, las noticias y los automatismos, necesitamos más que nunca esa visión hacia el pasado que nos haga ver las cosas viejas con ojos nuevos”.
