
Recordar la voz de John Fogerty en cada show de Creedence Clearwater Revisited es obligación. Se escucha su nombre en los pasillos, en las butacas, y mientras el vendedor dice “¡cervezas de a 100!” en el Palacio de los Deportes.
Es nostalgia y se vale en viernes por la noche contar mil anécdotas sobre el cantante: que si está peleado a muerte con Doug Clifford y Stu Cook, dos de los integrantes originales, que si canta mejor que Dan McGuiness; mil peros para un show que revive viejas glorias.
Ya entrados en el espectáculo. El apellido Fogerty deja de ser un peso para el grupo que coverea el legado de Creedence Clearwater Revival, del rock que comenzó en 1967 y acabó cinco años después.
Who’ll stop the rain y Down on the corner, clásicos inoxidables para romper el hielo, porque desde que inició el show, a las 21:00 horas, la gente se vio apagada.
Dos canciones los despertaron. Y rejuvenecieron: sobre un pasillo un hombre, de más de 50, abandonó lo aburrido del asiento para rockear. Se sacudió de la misma manera y a sus contemporáneos les demostró que estaba en un concierto de rock, no en un funeral.
Cook le dio la razón al tomar el micrófono. “Cuando tocamos rock porque nos volvemos a sentir como jovencitos y porque eso nos impulsó. Nos hacen sentir bien. Nos hacen sentir de 24 una vez más”, intervino el baterista con la jugarreta de hacer crecer su bíceps para imponer jovialidad.
Bueno, todos rieron con el humor de Cook, pero tuvo razón. Hay que volver a ser chavos para disfrutar un show como el de Creedence.
Total que al herirles el orgullo, los fans la pasaron mejor durante Rollin’ on the river, tremenda voltereta en el tiempo que se prolongó con Proud Mary.
Se tomaron un tiempo para respirar, pero el público no quiso que se fueran. Unas 12 mil botas pegando al piso lo evidenciaron, la vibración se prolongó por el Domo de Cobre y se apagó al tener de vuelta a los californianos, que aprovecharon para tomar su respectiva foto para redes sociales.
