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El tratado entre México y Estados Unidos más antiguo y que aún es vigente cumple 170 años. Su nombre es el Tratado Guadalupe-Hidalgo —firmado el 2 de febrero de 1848— y estableció la pérdida de más de 2 millones 400 mil kilómetros cuadrados de territorio mexicano, no obstante, puso fin a la invasión estadounidense al país, generó por primera vez corresponsales de guerra y fue una negociación que no firmó el ex presidente Antonio López de Santa Anna.
“Jamás Santa Anna figura en la firma de este tratado. Cuando el ejército estadounidense entró a la Ciudad de México, el 14 de septiembre de 1848, él se fue con su ejército a Toluca y ahí se quedó. Siempre se ha pensado que Santa Anna fue quien vendió más de la mitad del territorio, pero no, lo que sí vendió fue La Mesilla. Eso es parte del desconocimiento que tenemos de la propia historia”, comenta la historiadora Fabiola García Rubio.
Las cuatro firmas que aparecen en el Tratado que hoy resguarda la Secretaría de Relaciones Exteriores son de los mexicanos Luis Gonzaga Cuevas, Bernardo Couto y Miguel de Atristáin, y del estadounidense Nicholas Trist.
Para explicar este episodio, el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México (INHERM) expondrá todo febrero la muestra Tratado Guadalupe-Hidalgo 170 años.
A través de 20 imágenes, la exhibición detalla la anexión de Texas al país vecino y la cesión de más de la mitad de territorio mexicano: Nuevo México y Alta California; que hoy conforman los estados de California, Arizona, Nevada, Utah y parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming.
FALSO MOTIVO. De acuerdo con García Rubio, la guerra entre México y Estados Unidos empezó con un argumento falso que justificó los deseos expansionistas de la Casa Blanca a cargo del demócrata James K. Polk.
“Un problema muy grave que no se resolvió en el siglo XIX fue que el norte de la República Mexicana no estaba poblado y tal vez nosotros como mexicanos no hemos logrado reconocer esa circunstancia. Por más intentos que se hicieron, Texas, Nuevo México y California tenían poca gente y gran parte no eran mexicanos”, precisa la especialista.
